La jubilación es una etapa de la vida en la que ya no se trabaja. Todo ese tiempo para disfrutar es un gran tesoro si se sabe gestionar adecuadamente. Sin embargo, si no es así, puede convertirse en un gran enemigo. Es probable que alguien haya estado toda su vida pensando, mientras trabaja, en el sofá de su casa. Un lugar tranquilo, lejos del estrés del trabajo. Así pues, cuando llega la jubilación, lo que hace es tirarse en él como siempre había estado imaginando en el trabajo. Sin embargo, esto es un error muy grave.

Para ser feliz en la jubilación es muy importante mantenerse activo. Tanto por el apartado físico como por el mental, sin olvidar el social. Además, con los avances médicos la esperanza de vida no para de aumentar. Nunca antes las personas habían disfrutado de una vejez tan larga en el tiempo, con una calidad tan alta y con un sistema social que le dé soporte.

Por tanto, un buen consejo es planear objetivos e ir a por ellos. Pueden ser desde cosas sencillas, como ordenar un trastero hasta otras más complejas, como estudiar una carrera universitaria. Lo importante es que haya un camino que seguir, un lugar al que caminar en lugar de dar vueltas por la vida.

Eso sí, conviene evitar la soledad a toda cosa. Es primordial mantener la vida social. Quedar con los amigos, ir a jugar con ellos, o a charlar. A lo que sea. También es importante ver a la familia, visitar a los nietos, ser parte de ella. En cuanto al apartado social, no sólo amigos, es muy importante tener una cierta actividad. Colaborar en asociaciones, participar en la vida del barrio, etcétera.

Por supuesto, el ejercicio y el cuidado de la salud física son un punto clave. Se trata de uno de los pilares que garantizan la autonomía. De esta manera, realizar todo lo demás es mucho más sencillo. Al final, todo esto es como una rueda que se retroalimenta. El ejercicio favorece la interacción social, que a su vez impide la soledad, que a su vez mantiene el ánimo alto y apetece ejercitarse, etcétera.