La presencia de diabetes en personas mayores es alta, oscilando entre un 10% y un 20% de la población mayor de 65 años. Las posibilidades de desarrollar la enfermedad aumentan debido a malos hábitos como llevar una vida sedentaria; la falta de ejercicio o una mala alimentación. Esto hace que, según avanza el tiempo, cada vez se dan más casos al aumentar el rango de edad.

La diabetes es una enfermedad en la que el cuerpo no es capaz de controlar los niveles de azúcar en la sangre. Para mantener la glucosa en cantidades adecuadas en la sangre, nuestro organismo utiliza una hormona llamada insulina. Así pues, puede darse porque el organismo no la genere (diabetes de tipo 1) o porque lo haga en cantidades inadecuadas o no sea capaz de utilizarla correctamente (diabetes de tipo 2). La más común suele ser la segunda. El exceso de glucosa en sangre puede acarrear problemas graves: daños en nervios, riñones y ojos, así como enfermedades cardíacas, entre otros.

Las personas mayores que tienen diabetes pueden pertenecer a dos grupos: aquellos que ya la tenían de antes y los que la empiezan a padecer. Debido a las mejoras sanitarias, cada vez es más común que los diabéticos pasen de los 65 años y superen esa edad con creces. Sin embargo, estas personas ya conocen la enfermedad y saben cómo actuar. Las personas que la comienzan a padecer tendrán que aprender nuevos hábitos, sobre todo alimentarios, y a vivir con ella.

En una persona mayor esto puede suponer un problema ya que según el estado de dependencia al que llegue a la vejez será más fácil o difícil controlarla. Por ejemplo, para alguien con demencia será un problema que requerirá la atención del cuidador. Sin embargo, una persona que esté en plenas facultades y buen estado físico no tendrá grandes problemas.

Para gozar de una buena calidad de vida, es muy importante llevar una vida sana. Gracias a ello, y aunque la diabetes de tipo 2 tiene un fuerte componente hereditario, será posible retrasar su aparición en caso de presentar predisposición a la misma.