En la juventud, con el cuerpo fuerte y los reflejos ágiles, el temor que tienen las personas a las caídas es mucho menor que en la vejez. Es lógico, si bien una caída siempre puede ser peligrosa, en edades avanzadas su riesgo es mucho mayor. De hecho, gran parte de la mortalidad en personas mayores es debida a las caídas.

No obstante, tener demasiado miedo a una caída no sólo es contraproducente por la amargura innecesaria que produce, sino porque además aumenta su probabilidad. Realmente, la mayoría de las caídas no producen lesiones graves. Ahora bien, sí que pueden generar un miedo creciente a las mismas. Este temor se denomina “síndrome de post caída”.

El síndrome de post caída

Consiste en que la persona que ha sufrido una caída comience a sentirse insegura sobre sus capacidades para desplazarse. En este punto se inicia un círculo vicioso: debido a ese temor, se disminuye la actividad física. Esto hace que la fuerza muscular y el equilibrio sean menores, con la consiguiente fragilidad asociada. Al final, se ha aumentado el riesgo de caída. Esto nos lleva al inicio de nuevo, y acrecienta el miedo a caer, comenzando el ciclo una y otra vez.

Por tanto, cuando una persona mayor se ha caído, es muy importante evitar este síndrome. Para ello se debe realizar un tratamiento psicológico adecuado, que generalmente contará con la colaboración de los cuidadores, entornos y la propia persona mayor. Además, se deben prevenir futuras caídas. En primer lugar, mediante la mejora de los hábitos. Haciendo que sean más saludables. Es decir, mantener o aumentar la actividad física y realizar ejercicios para mejorar la condición física, así como cuidar la alimentación.

Además, el entorno debe ser observado. Es importante localizar los obstáculos: objetos, muebles, escalones o cualquier elemento que dificulte el paso. Para finalizar, la propia persona debe cuidar la toma de medicamentos, plantearse el uso de bastones y no descuidar las visitas a los médicos para revisarse la vista, oído, etcétera.

En resumen, una caída puede ser muy peligrosa para un anciano, pero el miedo a caerse lo único que hará será aumentar su probabilidad. En este texto se han dado ciertas recomendaciones de manera orientativa, pero lo ideal es acudir a un experto y seguir de cerca sus consejos.