Es común que ocurra malnutrición en personas mayores porque les cuesta tragar. Debido a ello, comienzan a evitar comidas o a reducir las cantidades drásticamente. Esto conlleva a un déficit de nutrientes en el organismo, con los problemas de salud asociados. A las dificultades para tragar se les denomina disfagia. Explicado de manera llana, disfagia es tener problemas para que los alimentos pasen desde la boca hacia el estómago.

Para entender la disfagia es necesario saber cómo es el proceso de deglución. Es decir, cómo hacemos que los alimentos lleguen al estómago. Se trata de un proceso complejo, que precisa utilizar diversas estructuras musculares con una coordinación bastante grande. De lo contrario, los alimentos pueden ir por donde no deben, por ejemplo.

El proceso de deglución cuenta con tres fases: oral, faríngea y esofágica. En la fase oral es en la que masticamos. A base de machacar la comida con los dientes y con ayuda de la saliva, formamos lo que se conoce como bolo alimenticio. En esta fase trasladamos el bolo hacia la farige, donde comienza la siguiente.

La fase faríngea es precisamente la que necesita una mayor coordinación. Por un lado, nuestro organismo tapa la nasofaringe y la laringe. Una vez tapados, el bolo pasa a través de la faringe hacia el esófago, sin colarse trozos en la tráquea ni en la nariz.

Tras esta fase, comienza la esofágica. En el esófago se producen una serie de contracciones que van haciendo que el bolo baje hacia el estómago. Allí, se abre el esfínter esofágico y permite que el alimento llegue al estómago.

No es difícil imaginar que cualquier fallo en la coordinación, cualquier infección o enfermedad, cualquier problema para fabricar el bolo, producirá problemas al tragar. Se trata de un proceso al que estamos muy acostumbrados, pero que reviste cierta complejidad.