Muchas personas tienen una muy mala imagen de las residencias. Las ven como sitios tétricos donde aparcar a los ancianos para olvidarse de ellos. Nada más alejado de la realidad. Las residencias hoy en día son lugares adaptados a las necesidades de las personas mayores. Están diseñadas para cuidar la salud de sus residentes y esto incluye el equilibrio psicológico. De hecho, los ingresos se realizan cuidadosamente para minimizar el impacto.

Además, una preocupación de las residencias es evitar la soledad. Procuran organizar actividades en grupo para que los residentes tengan contacto entre ellos y, además, promueven las visitas de los familiares. De hecho, es muy importante que una persona vea a sus seres queridos, algo que las residencias saben y promueven.

Lo normal es que cuenten con planes para evitar que el residente pierda autoconfianza. Para una persona mayor, verse dependiente puede ser una situación que le cueste asumir. Esto mina su confianza y, al final, lo que sucede es que se autolimita. En las residencias se suele trabajar esto para evitar depresiones y que la persona goce de la máxima libertad posible. Hay que tener en cuenta que el nivel de dependencia varía mucho de unas personas a otras. Habrá quien necesite muchos cuidados y quien esté en plenas facultades, pero con su salud controlada en el día a día por expertos sanitarios.

Existe una mala imagen de las residencias fruto, muchas veces, de las que se ven en las series y películas. Sitios horribles donde las personas están aparcadas en un rincón. Sin embargo, hay que entender que se trata de un recurso narrativo. Algo que utilizan los guionistas para poder desarrollar la historia.

La realidad es que las residencias son espacios adaptados, lo cual aumenta la libertad de movimiento. Organizan actividades y mantienen a los residentes activos, procurando que tengan compañía y no se aíslen socialmente. Además, se encargan de vigilar la salud, aportar cuidados médicos y adaptar la comida.