El Alzheimer es una enfermedad de la que prácticamente todo el mundo ha oído hablar. Sin embargo, existen muchos mitos alrededor de ella. Nuestro cerebro es un órgano complejo y del que no se tiene el conocimiento suficiente para responder a muchas de las preguntas que plantea. Por tanto, es normal que aparezcan todo tipo de mitos alrededor de las enfermedades que le afectan.

La edad hace que perdamos memoria y es normal.

Es cierto que, al hacernos mayores, nuestro cerebro envejece. Esto provoca ciertos cambios que afectan al desarrollo de las diferentes actividades. Sin embargo, hay que diferenciar las consecuencias normales de envejecer de los síntomas del Alzheimer. El Alzheimer se trata de una enfermedad y no la consecuencia de la edad. De hecho, si no afecta ninguna enfermedad al cerebro, es común llegar a la vejez en un buen estado mental.

La demencia y el Alzheimer son la misma enfermedad.

La demencia es un conjunto de síntomas, no una enfermedad en sí misma. Mucha gente cree este mito porque el Alzheimer es la enfermedad más frecuente en la demencia, pero también la pueden provocar otras.

El Alzheimer solamente afecta a la memoria.

No es cierto que sólo afecte a la memoria. Si bien es cierto que se trata de su síntoma más característico, no se queda ahí. Con el tiempo va afectando a otras funciones como el lenguaje, la orientación, el razonamiento, el control de los esfínteres, etcétera. Según avanza la enfermedad, la persona afectada va perdiendo autonomía.

Se trata de una enfermedad hereditaria.

El Alzheimer no se hereda. Que una persona lo haya padecido no implica que sus hijos vayan a tener la enfermedad. Tan sólo un 1% son hereditarios debidos a alguna variante genética. De hecho, son tan pocos que se considera enfermedad rara. La genética influye como factor de riesgo, pero nada más. No determina su aparición. Existen otros factores de riesgo como la forma de vida.