Llega un momento en que las personas mayores, por el propio efecto del envejecimiento, necesitan apoyo. Su capacidad se ve reducida y necesitan de la ayuda de otras personas. Es decir, se vuelven dependientes. Esta dependencia puede ser en mayor o menor medida. Para evitar que salgan de su casa, donde se sienten cómodas, existen los Servicios de Atención Domiciliaria (SAD). De esta manera, se les puede ayudar sin que suponga un cambio de vida.
Este tipo de servicios consiste, básicamente, en que una persona acuda a casa de la persona dependiente para ayudarle en las tareas que no puede realizar. El tipo de tareas que puede hacer son muy variadas y dependen de cada caso. Es decir, puede ser desde llevarle o hacerle la comida hasta dar un de prácticamente todo el día.
Cuando el grado de dependencia es bajo, lo mejor es que la persona realice por sí misma todas las tareas posibles. No obstante, para las que necesite ayuda contará con este apoyo. Por ejemplo, a la hora de bañarse. La higiene personal puede ser una tarea muy complicada cuando la movilidad o la mente se ven mitigadas. El simple hecho de llegarse a la espalda resulta una tarea titánica. Para esto, una mano amiga resulta muy de agradecer. Además, el entorno es resbaladizo, por lo que el riesgo de caídas es muy amplio aún a pesar de que el baño se haya adaptado.
Un servicio que ofrece la atención domiciliaria muy importante y del que se suele pasar por encima al pensarlo por primera vez es el del acompañamiento. El simple hecho de tener otra persona cerca evita caer en la soledad. Por norma general, el vínculo entre cuidador y persona bajo cuidado suele ser fuerte con el tiempo.
Como hemos dicho, este tipo de atención puede variar el número de horas y adaptarse fácilmente. Por tanto, su flexibilidad y pequeña ruptura con el entorno de la persona dependiente son dos de sus puntos fuertes