Hay personas que, por diferentes motivos, han perdido autonomía y se encuentran en una situación de dependencia. Esta puede ser mayor o menor. En muchas ocasiones se decide que la mejor solución es una residencia (o un ingreso hospitalario, dependiendo del caso). Sin embargo, dependiendo del caso, los servicios de ayuda a domicilio (SAD) pueden ser lo más adecuado.

En primero lugar, es necesario analizar cada caso por separado. Una vez que se ha hecho, a poder ser contando con la opinión de algún experto, se procederá a tomar una decisión.

Dicho esto, este tipo de servicios presenta una serie de ventajas respecto de otros, que hay que valorar detenidamente para observar si sirven para solucionar la situación.

¿Qué beneficios ofrecen?

A nivel sanitario presentan, en primer lugar, una atención individualizada. La persona recibe a un profesional sanitario que le tratará en su casa y en exclusiva durante ese momento. Al recibir los tratamientos en su hogar, el paciente se recupera por norma general más rápidamente de las enfermedades, ya que el entorno le resulta familiar. Además, este tipo de atención también ayuda a crear rutinas. Hay enfermedades que precisan, por ejemplo, la ejecución de ciertos movimientos o ejercicios. Al llegar un profesional, la persona puede realizar estos ejercicios sin depender de otros factores, como la disponibilidad de un centro. Incluso ayuda a que no se posterguen, ya que la situación de que venga alguien es diferente a la de moverse uno.

En cuanto a los aspectos sociales, las personas mayores tienden a no querer moverse a hospitales o residencias. Esta reticencia a cambiar el entorno en el que se sienten seguros es normal. De esta manera, la persona está más cómoda y esto también influye en la comunicación y confianza que depositará en el cuidador. El coste, además, comparado con otras soluciones como las residencias, es menor. Además, la intimidad es mucho mayor, por lo que redunda en la tranquilidad de la persona dependiente.